Por Emiliano Delio

Paraiso, el unipersonal con Luciano Cáceres, regresa al escenario del Teatro Regio (Córdoba 6056, Chacarita) bajo la dirección de Ignacio Rodríguez de Anca. La original versión de Dany Mañas, se basa en la historia escrita por Inmaculada Alvear: la vinculación de los órganos corporales con las emociones; y en este caso, la intervención médica para sustituir el corazón del protagonista.

 

El director junto al gran despliegue del actor, proponen una narración que no deja de atrapar y sorprender al público. En los 90 minutos que dura la obra, va aumentando el dramatismo: primero, el desafío mental y científico que significa dejar un órgano propio. Luego, la preocupación y adaptación, por tener una parte de otro en el propio cuerpo, para poder seguir viviendo.

 

Y ya el nudo se plantea cuando el protagonista, logra acceder, violando la legalidad, a la identidad del donante. A partir de allí, la imaginación y la puesta en escena, juegan un rol fundamental en la creatividad del espectáculo: la combinación íntima de la donante y el trasplantado, se fusionan hasta límites insospechados. Pero no solo está presente la tragedia, sino que también el humor, por la fusión de dos personas que a primera vista serían totalmente incompatibles.

 

Las creencias sobre la masculinidad, la posición social y el mando en una corporación, se van disfumando en el protagonista: un nuevo corazón ahora habita en su ser y lo transforma, al incorporarse paulatinamente a su mente y alma. Las huellas de su donante lo marcan en nuevas pasiones sexuales, sabores caribeños y la memoria de una tierra lejana, que ahora se incorporan, en lo que queda de un típico empresario porteño.

 

“La obra interpela a la masculinidad, lo físico, lo ideológico, los mandatos, esa responsabilidad que se sigue sosteniendo del hombre como proveedor, como capitán. El personaje va más allá de lo femenino y lo masculino, propone una identidad nueva. Porque Paraíso también habla de la búsqueda de la identidad”, explicó Cáceres.

 

La trama se vale de la ductilidad del actor, en un diálogo imaginario con otros personajes, a través de elementos austeros pero poderosos que juegan con el cuerpo del protagonista. El director Rodríguez de Anca reflexionó sobre la construcción de distintos cuadros: “la obra tiene muchas escenas, muchos personajes y lugares; entonces el desafío fue encontrar un dispositivo que nos cerrara para narrar diferentes espacios y situaciones a través de la actuación de Luciano y que a él le permitiera y facilitara ir pasando de uno a otro para crear esos mundos, y para que hubiera una cierta dinámica”. El producto final será para el disfrute del público.

 

 Ficha

 

Dirección general Ignacio Rodríguez de Anca

Dispositivo escénico Victorio Bello

Diseño de vestuario Carolina Langer

Diseño de iluminación Ricardo Sica

Diseño de visuales Sonia Frickx

Puesta de video Miguel Álvarez, Mateo Sapire

Música original y diseño sonoro Nicolás Diab

Asistencia de iluminación Diego Becker

Asistencia artística Verónica Mc Loughlin

 

Equipo CTBA

Coordinación de producción artística Lourdes Maro

Coordinación de producción técnica Abril Leverone

Coordinación técnica de escenario Federico Cerone, Rosana Rodríguez