Famoso en Finlandia y regiones de Rusia, reconstruye su vínculo con la música y los inicios, por pura casualidad, en Europa del Este. La fuerza de la vocación y la nostalgia.

 

De adolescente Martín Alvarado  soñaba con parecerse aunque sea un poco a Ace Frehley, el guitarrista de Kiss. Sin embargo, un mensaje de Rubén Juárez le hizo cambiar el rumbo. Y el lugar del horizonte comenzó a ser ocupado por el tango. Cuando la crisis de 2001 lo llevó a ganarse la vida con su guitarra a las calles de Europa ni siquiera imaginaba que años después, todavía con cierto aire rockero, se convertiría en un cantante reconocido en parajes remotos de Finlandia y Rusia donde llegó a ganar el título como primer artista argentino en ofrecer shows y sorprender con su potente voz. En un alto de su incansable rutina de artista viajero, Martín Alvarado reflexiona: “Me encantaría tener en mi Patria, la mitad del reconocimiento que conseguí en Europa.”

 

–     ¿Cómo comienza su historia con la música?

 

–A los 19 años y de casualidad. Era fanático del grupo de rock Kiss y me compré una guitarra eléctrica esperando ser como su guitarrista, Ace Frehley. Me anoté en una escuela de música y, de paso, en canto para, supuestamente, poder hacer coros mientras hacía mi carrera de “estrella de la guitarra”. Muy pronto descubrí que tenía una voz que me permitía cantar mucho mejor de lo que creía por lo que dejé la guitarra a un lado por un buen tiempo y me dediqué a cantar solamente.

 

–     ¿Por qué el tango?

 

–Si bien el tango sonó en mi casa desde mi infancia porque mi padre es un fanático de ese género, a mí me costo mucho enamorarme. El tango, como lo solía ver por la TV, no me interesaba. Hasta que una vez y de casualidad vi en la tele a Rubén Juárez cantando, tocando su fueye y fraseando con todo el swing del mundo. Ahí entendí que el tango podía ser lo que pienso que es: un lenguaje artístico vivo. No sólo un permanente tributo a glorias pasadas.

 

–     ¿Cómo se estableció el lazo con Europa, y con Europa del Este en especial?

 

–Fue cosa del destino. En 2002, con la tremenda crisis que vivió Argentina, me fui a probar suerte a Barcelona. Allí solía cantar y tocar en la calle y en una de esas interminables jornadas conocí a dos turistas finlandesas que gustaron de mi música y me invitaron a cantar en un restaurante en la ciudad de Tampere al que frecuentan personalidades locales famosas. Al poco tiempo estaba cantando para 1000 personas al frente de la Orquesta Filarmónica de Tampere y, desde entonces hasta hoy, he grabado discos, escrito versiones castellanas de famosos tangos finlandeses que se volvieron éxitos televisivos y radiales. También fui mentor de dos festivales de tango, di cientos de recitales solistas.

 

–     ¿Y en Rusia?

 

–Un par de años más tarde fui invitado a cantar en San Petersburgo donde tuve la fortuna de convertirme en el primer cantante de tango argentino en actuar en el Shostakovich Philharmonic Hall, una de los palacios de la música más importantes del mundo.

 

–     ¿A qué lugares llegó como primer artista argentino?

 

–He sido el primer solista argentino en cantar en muchas ciudades de Finlandia. Canté en muchísimas localidades finesas en 27 giras. En Rusia, actué en ciudadades como Murmansk, Vyborg, Pushkin, Kandalaksha, Ufa, Sosnovy Bor, Priozersk y Olenegorsk.

 

–     ¿Qué diferencia al público de esas regiones del planeta del público argentino, latinoamericano?

 

–El público es maravilloso conmigo siempre y en todos lados. Tal vez en Rusia son bastante parecidos a nosotros: pasionales, demostrativos, fanáticos. En Finlandia son geniales, pero es increíble que la gente, aún teniendo tu poster colgando en la pared de su cuarto, te pasen por al lado y ni te saluden.

 

–     ¿Planes de vuelta, a veces o siempre?

 

–La realidad es que yo vivo en el barrio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires. Ese es el único lugar donde me siento en casa y en el cual paso más días seguidos. Luego, para poder llevar adelante mis giras tuve que armar una base en Europa por lo que he alquilado casas en Helsinki y Tampere (Finlandia) y, en los últimos dos años, en Madrid (España). En algún momento solía hacer una sola gira de tres meses de duración por año. Pero en los últimos cuatro, realicé tres giras anuales. Por lo que estoy yendo y viniendo de Buenos Aires cada dos o tres meses. A mí me encantaría tener en mi Patria tan sólo la mitad del reconocimiento que tengo en Europa para poder ser, finalmente, profeta en mi tierra.

 

Por: Tiempo Argentino

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