Por Emiliano Delio
Alma Mahler, compositora y musa inspiradora de numerosos artistas, es retratada magistralmente por Raquel Ameri, en una obra escrita por Víctor Hugo Morales. La interpretación de la transformadora mujer, con sus pasiones y amores, logra conmover al público y entender como con su belleza e inteligencia, pudo influir a tantas figuras de la música, la literatura o la pintura.
Ya de niña, vivió en un ambiente rodeado de artistas que integraban el movimiento de Secesión Vienes (hoy denominado modernismo). Ya a sus 9 años tocaba el piano en las reuniones del grupo y también a veces ejecutaba una de las 16 lieder (poemas breves que acompañaba con el piano) que había compuesto.
La precoz muerte de su padre a sus 12 años , la llevó a tener un primer acercamiento con una amigo de él, Gustav Klimt, presidente del movimiento artístico. Klimt, de 34, le dedicó el cuadro El Beso, cuando era una adolescente. Este espectacular retrato de la pareja en la intimidad, fue vanguardista desde la concepción hasta su realización, con la combinación de diferentes estilos que van desde el art noveau hasta la estampa japonesa (grabados xilográficos)
Ya a inicios del siglo XX, se hablaba de como la joven había cautivado al músico Alexander von Zemlinski, al director teatral Max Burckhard o al escritor Thomas Mann. Pero en una cena, conoció a uno de los más importantes directores de orquesta y de ópera del momento, el compositor que sufría hostilidad por ser judío, Gustav Mahler, a quién le dijo: “Tu música no me gusta, no tiene estructura, le falta orden”.
Luego de esa provocación, la invitó a que al día siguiente, fuera a ver su dirección del ensayo de la Filarmónica de Viena. Al finalizar, Alma, 20 años más joven, le dijo: “No es música alemana, es música judía, pero me da igual, estoy emocionada y se me caen las lágrimas”
La pareja de compositores se casó al poco tiempo, en 1902. Tuvieron dos hijas, pero dos tragedias sucesivas marcaron la vida de Alma: en 1907 muere la primogénita y en 1911, el mismo Mahler. El matrimonio, de todas maneras, no había funcionado de la mejor manera y el hombre le había echo firmar un acuerdo: “El papel del compositor, el papel del trabajador, me corresponde a mí, el tuyo es el de un compañera cariñosa y comprensiva… Estoy pidiendo mucho, y puedo y se me es permitido hacerlo porque sé lo que tengo para entregar y eso lo que daré a cambio”
En la obra se retrata las profundas contradicciones que sentía Alma, al ver reducido su papel a simple escriba de la obra de su esposo, sin respetar su vocación ni voluntad. Por ello, luego de la muerte de su primera hija, decidido retirarse un verano a un balneario, donde conoció al arquitecto Walter Gropius, futuro fundador de la innovadora Escuela Bauhaus, con el cual tuvo un romance.
Si bien Malher le había dedicado el Adagietto de su Sinfonía nº 5, en el segundo tema de la Sinfonía nº 6 y dos pasajes de la Sinfonía nº8, recibió en 1910 una carta de Gropius, contándole que disfrutaba la compañía de Alma. El compositor no sabía como reconstruir la relación, e incluso hizo intervenir al médico Sigumund Freud, con su revolucionario método de diálogo entre paciente y psicoanalista. En 1911, mientras componía la Sinfonía n°11, donde plasmaba todo lo que vivía, lo sorprendió la muerte.
Ya viuda, Alma decidió vivir sin condicionamientos de hombres o mandatos que le achataran su creatividad o libertad. Así, primero tuvo un breve romance con el biólogo y músico Paul Kammerer, que igual la amenazó con suicidarse si lo dejaba. También con el pintor Oskar Kokoschka, siete años menor, el cual apasionadamente pintó: Doble retrato: Oskar Kokoschka y Alma Mahler (1913), Querida (1913), Amantes. Alma Mahler y Oskar Kokoschka (1913) y el cuadro más famoso de todos, titulado La novia del viento o La tormenta (1914).
Finalmente Alma decidió en 1915 casarse con su antiguo amante Gropius. Luego de cinco años, tuvieron una hija, pero también la tragedia la asechó: muere a los 18 años por poliomelitis.
En 1929, la compositora se une al novelista alemán de origen judío, Franz Werfel. Con el auge del nazismo, la pareja primero emigra a Francia que es invadida por los alemanes en 1938. Entonces emprenden una huida que incluye una travesía por los nevados de los Pirineos, para llegar a España y Portugal. Pero finalmente se radican en los Estados Unidos. En 1945 fallece su marido. Alma a partir de ese momento se dedica al arte, sin involucrarse en pasiones que la habían caracterizado como una femme fatale en su juventud. En 1958 publicó sus memorias bajo el título Y el puente es el amor, inspirado en un poema de Thornton Wilde (“Hay una tierra de los vivos / y una tierra de los muertos, / y el puente es el amor, / el único superviviente, el único sentido”).
Con este rico material y sorprendente historia de vida, Ameri logra componer un personaje fuera de serie, muy bien hilvanado y recreado por la pluma de Morales. Bajo la dirección de Pablo Gorlero y con música en vivo del pianista Juan Ignacio López, se asegura un espectáculo entretenido y conmovedor.
Ficha
Autoría: Víctor Hugo Morales
Puesta en escena y dirección: Pablo Gorlero
Intérprete: Raquel Ameri
Músico en escena y música original: Juan Ignacio López
Voz en off: Fabián Vena
Escenografía: Nicolás Pol
Vestuario: Vanesa Abramovich
Visuales: Moreno Pereyra
Luces: Ricardo Sica
Fotografía: Fiorella Romay @fiorellaromay
Asesoría coreográfica: Marina Svartzman
Asistente de dirección y producción: Carolina Liponetzky
Duración: 70 minutos
CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543 , 6091-7000 int. 8313, http://www.centrocultural.coop
Entrada: $ 17.000,00 – Domingos a las 20:00 – Hasta el 26/10/2025