Por Emiliano Delio
Me gusta de oro, la comedia dramática sobre el uso de las redes sociales, se reestrenó en su segunda temporada en Fandango Teatro de Luis Viale 108 (Villa Crespo) con un humor ácido. En un concurso ficticio, donde los participantes buscan ganar la estatuilla con el pulgar hacia arriba dorado, pueden aflorar sentimientos despreciables, para triunfar y lograr mayor notoriedad.
Las plataformas como Tinder, Instagram, X, WhatsApp o TikTok, muchas veces son utilizadas con hipocresía, individualismo, desprecio, envidia y demás sentimientos ruines, que no siempre se comunican. En la obra se recrean diversos mensajes, donde usuarios arquetípicos son descriptos: el falso amigo; el admirador que busca la atención del otro y nunca lo consigue; la optimista y feliz, que existe en diversos posteos pero no en su vida real; entre otros.
Y también se recrean las interrelaciones que se establecen en diversas redes, Los grupos familiares o de amigos, donde finalmente se reemplaza la virtualidad por la presencia; donde va quedando menos compromiso.
La puesta en escena muestra las jerarquías impuestas por las redes. Donde a veces se dan relaciones de pares y en otras un influencer es el centro de la atención. Aquí se ejemplifica, con el caso de una diputada que accedió a su banca por su seducción a una de las figuras más conspicuas del poder, pero que no cuenta con la idoneidad para desempeñar el cargo.
En la representación de un grupo laboral de WhatsApp, los cuerpos se mueven en el escenario como miembros del grupo; ya que no hay una jerarquización clara. La relación entre pares se establece a través del debate, poco comprometido, para comprar un regalo para un cumpleañeros entre una docena, donde nadie sabe bien cuanto dinero destinar y si vale la pena.
La obra es interpretada con gran dinamismo y humor, donde la realidad actual se impone y se sufre a diario. Los cambios en las conductas y comportamientos, interfieren en las relaciones humanas. Además del uso y el tiempo en el cual las personas lo dedican a scrollear, dar me gusta o escribir sobre diversos tópicos, que atraviesan el tiempo de ocio y trabajo; las redes son un artefacto imposible de ignorar desde el punto de vista psicológico o social.
Las escenas se plantean con ironías, humor y diversión; aunque sin ignorar la crueldad, soledad y aspereza del uso de las redes. Invitan a reflexionar a la audiencia sobre la realidad contemporánea. Las redes emergentes, no han sido tan abordadas por espectáculos, pero en la última década han adquirido cada vez mayor preponderancia.
La obra fue declarada de interés cultural por parte de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y en sus fundamentos expresó: «Bajo el brillo dorado de la celebración y la espectacularidad, la obra revela las complejidades emocionales y sociales de nuestro tiempo. A través de la sátira, denuncia el enaltecimiento de la ignorancia y la superficialidad, la des humanización en la búsqueda del amor, la crueldad encubierta, la hipocresía, la violencia simbólica, el desprecio por el otro y el individualismo. “Me gusta de oro” nos interpela sobre cómo, a través de las redes, reproducimos a diario una cultura de exitismo, frivolidad y crueldad sin remordimientos, cuyas consecuencias inevitables son el aislamiento y la soledad».
Ficha
Dramaturgia: Daira Basin, Alejandro Lifschitz
Actúan: Daira Basin, Graciana De Lamadrid, Andrea Francavilla, Florencia García, Isabel Gasperini, Alejandro Lifschitz, Mara Palazón
Vestuario: Mara Soraire
Escenografía: Mara Soraire
Diseño de luces: Miguel Angel Madrid
Diseño gráfico: Héctor Francavilla
Fotografía: Wally Andrada @wallyandradafotografias
Prensa & difusión: Daniel Franco
Asesoramiento coreográfico: Ilda Mariana DI Silverio
Dirección: Alejandro Lifschitz