Con la llegada de la primavera también vuelven las ganas de aprovechar balcones, patios y terrazas. Y para sumar verde en la ciudad no hace falta contar con un gran jardín: unos pocos metros cuadrados pueden alcanzar para crear un espacio con plantas, siempre que se elijan las especies adecuadas para las condiciones del lugar.

Uno de los errores más frecuentes es hacer exactamente el camino inverso: elegir primero una planta porque nos gusta y recién después pensar dónde ubicarla. Antes de comprar, hay tres preguntas que pueden hacer una gran diferencia: ¿cuántas horas de sol recibe el espacio?, ¿predomina el sol o la sombra?, ¿está muy expuesto al viento?

Antes de pensar qué plantas queremos, tenemos que entender el espacio que tenemos. Puede parecer algo muy básico, pero la cantidad de sol, la sombra o el viento son determinantes para que una planta pueda adaptarse y crecer bien. Una vez que sabemos eso, elegir se vuelve mucho más fácil”, explica Guillermo Delmonte, paisajista de Ada Jardín, vivero boutique y café de especialidad.

No todas las plantas se comportan de la misma manera en un balcón o una terraza. Para espacios de Buenos Aires y alrededores que reciben varias horas de sol directo, por ejemplo, la lavanda es una alternativa resistente y aromática. Las suculentas también funcionan bien para quienes buscan especies que requieran menos cuidados.

En sectores con sombra o luz indirecta, en cambio, pueden funcionar mejor los helechos, que prefieren ambientes con mayor humedad, o distintas variedades de philodendron, cuyas hojas grandes permiten además generar un efecto más tropical. Las azaleas, con su floración en tonos rosas, rojos y blancos, son otra alternativa para espacios luminosos pero sin una exposición intensa al sol directo.

También se pueden incorporar hierbas aromáticas como albahaca, menta o romero, que además de sumar verde pueden aprovecharse en la cocina.

No existe una planta perfecta para todos los balcones. Una especie que funciona increíble en un espacio puede no hacerlo en otro que está a pocas cuadras, simplemente porque recibe otra cantidad de sol o está mucho más expuesto al viento. Por eso lo primero siempre es observar”, señala Delmonte.

Los metros disponibles tampoco tienen por qué ser una limitación. En espacios pequeños, aprovechar la altura permite sumar plantas sin ocupar toda la superficie del piso. Jardines verticales, estructuras tipo escalera, estantes o cajones colgantes pueden ayudar a aprovechar mejor el espacio disponible.

Combinar macetas de distintos tamaños y alturas también permite generar profundidad y construir un espacio verde aun cuando los metros cuadrados son pocos.

Con la primavera, además, aparece otro desafío: el riego. El aumento de las temperaturas puede llevar a pensar que las plantas necesitan agua todos los días, pero regar de más puede ser tan perjudicial como olvidarse de hacerlo.

Una forma sencilla de comprobar si una planta necesita agua es introducir un dedo o un palito unos centímetros en la tierra. Si todavía está húmeda, conviene esperar; si está seca, es momento de volver a regar.

No hay que regar automáticamente porque llegó el calor. La tierra nos va a indicar cuándo la planta necesita agua. Si todavía conserva humedad, es mejor esperar. Y en primavera también hay que prestar atención a las lluvias, porque en balcones y terrazas descubiertos muchas veces la naturaleza hace parte del trabajo por nosotros”, explica el especialista de Ada Jardín.

Además de elegir las plantas adecuadas, pensar en el espacio como un ambiente más de la casa puede cambiar por completo la manera de usarlo. Una silla cómoda, una mesa pequeña o iluminación cálida pueden convertir un balcón o una terraza en un lugar para leer, tomar un café o simplemente pasar un rato al aire libre.

Y no hace falta resolver todo al mismo tiempo. Empezar con pocas plantas permite observar cómo se comportan en el espacio, aprender qué cuidados necesitan y sumar nuevas especies de manera gradual.

No necesitás un jardín enorme para tener un espacio verde. Un balcón chico también puede convertirse en un lugar lleno de plantas si elegimos bien y aprovechamos lo que tenemos. Y tampoco hace falta hacerlo todo de una: una planta a la vez también es un jardín”, concluye Delmonte.