100 AÑOS DEL VIVERO DE LA CIUDAD

El vivero de la ciudad cumplió 100 años y se inauguró un domo para más cultivo de árboles.

El Vivero de la Ciudad cumplió 100 años y este lunes 25 de septiembre se inauguró oficialmente el domo, una novedosa cúpula que cuidará diariamente el crecimiento de árboles, en el sector noroeste del Parque Avellaneda. Aquí crecerán especies autóctonas para proveer a todos los barrios. Se espera que la producción alcance un total de entre 10 mil y 12 mil ejemplares.

Los niños y adolescentes de las escuelas primarias y secundarias participaron de actividades, como parte de la “Semana del centenario del Vivero de la CABA”. Además, en el marco de los 100 años del vivero, este 25 de septiembre organizó por primera vez una visita guiada para los vecinos.

Hubo recorridas por tres sectores del vivero: el invernáculo de coníferas y palmeras; el sector de plantas de interior; y el área de floricultura. Cada encargado de área dio una charla explicando el trabajo que realizan de acuerdo a las necesidades de cada especie.

“Cuando muchos nos dicen que la Ciudad está linda y bien mantenida, en gran medida es por el laburo que se hace acá”, destacó el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta, quien expresó que es un “orgullo” festejar los 100 años del Vivero.

Los secretos del domo

En el domo geodésico se plantarán los árboles que luego abastecerán a las 15 Comunas de la Ciudad. La elección de la estructura se justifica en sus numerosas ventajas, que van desde el bajo costo de instalación hasta los beneficios que propicia para producir especies autóctonas.

“El beneficio principal es que desde su siembra hasta que esté en condiciones de ser trasladado a la calle, el árbol permanecerá adentro del domo”, destacó Adrián Peña, gerente operativo de Mantenimiento del Arbolado de Buenos Aires. “El objetivo, a 2019, es reproducir ejemplares para toda la Capital y que el Estado no tenga que comprar a viveros privados”, agrega Gabriel Borges, director del mantenimiento del espacio público de las comunas de la Ciudad.

El domo guarda 1.000 ejemplares distribuidos en macetas negras de distintos tamaños y decenas más, que aún son semilla y esperan su germinación en bandejas llenas de compost y sustrato de río.
La producción del domo y de un invernáculo exterior con 500 ejemplares abastece a los barrios de Villa Soldati, Riachuelo, Lugano, Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda. También al Parque General Paz, en Saavedra.

Las ventajas principales son:

• Por su aerodinamismo, tiene un excelente comportamiento y estabilidad ante fuertes vientos.
• Requiere una menor cantidad materiales de construcción, comparada con las viviendas tradicionales, por lo que genera un notable ahorro de tiempo y dinero.
• Necesita menos material para su aislamiento, permitiendo que el sistema de calefacción sea más económico.
• Es la estructura ideal para la producción de especies autóctonas de árboles, como el lapacho y el jacarandá.
• El proceso para la puesta en funcionamiento del domo consta de dos etapas. La primera, que ya finalizó, consiste en su adquisición y colocación. La segunda implica la pintura, iluminación y acondicionamiento.

El propio Peña analizó la concreción del proyecto: “El beneficio principal es que desde su siembra hasta que esté en condiciones de ser trasladado a la calle, el árbol permanecerá adentro del domo”.

El proceso para la puesta en funcionamiento del domo constó de dos etapas. La primera fue su adquisición y colocación. La segunda pasó por la pintura, iluminación y acondicionamiento.

Historial

El vivero de la Ciudad fue creado en 1917 con el exclusivo fin de poblar de árboles y flores los espacios verdes. Hoy en día constituye un espacio natural único en Buenos Aires, ubicado al noroeste del Parque Avellaneda, en una extensión de 6 hectáreas.

El objetivo inicial era claro: el vivero produciría los árboles y las flores que ornamentarían los espacios verdes de la Ciudad.

En lo que fue su primer invernáculo, ahora se producen coníferas y palmeras que, a los seis meses, pasan a la zona de vidrieras. Allí, en esos canteros con árboles en crecimiento, enfrentan a las primeras inclemencias climáticas, siempre al cuidado de los viveristas, quienes a través de su trabajo minucioso y apasionado protegen, riegan y controlan día tras día el crecimiento de los distintos ejemplares.